CÓMO MARCAR LOS LÍMITES A LOS NIÑOS DE FORMA RESPETUOSA

Según la R.A.E., un límite es una línea real o imaginaria que separa dos terrenos, dos países, dos territorios. Si lo trasladamos al ámbito de los límites infantiles o adolescentes, podríamos decir que son la línea imaginaria entre encontrarse contenidos o desubicados.

Poner límites no consiste únicamente en decir NO a todo aquello que supone un peligro o realmente es intolerable que suceda así. Poner límites es mucho más y ampliará las posibilidades de hacer, de jugar y de disfrutar de nuestros hijos. No pensemos que poner límites es quitar la libertad a nuestros hijos, lo curioso es que limitando facilitamos su libertad y su autonomía.

Los límites ayudan a los niños a encontrar un equilibrio emocional, no les traumatiza ni les desequilibra. Tener un hijo no significa dar todo lo que piden y no respirar por todo lo que solicitan de forma inmediata. El niño precisa de unos padres que le acompañen y le guíen en lo bueno y en lo malo, le enseñen el esfuerzo que cuesta conseguir las cosas y que le muestren que en la vida hay cosas fáciles, más complicadas, preciosas y las que no lo son tanto.

Poner límites genera protección, seguridad en uno mismo, aprendizaje, permite crear nuevas ideas y ayuda a que el niño comprenda que la vida está llena de normas sociales que se deben respetar.

En definitiva, los niños están esperando escucharlos con ansias para sentirse libres. Ahora bien, ¿cómo los establecemos de forma respetuosa? Estas son algunas consideraciones a tener en cuenta:como-poner-limites-ninos-soy-mama-natura

  1. Adaptados a la edad: debemos estar seguros de que esos límites son comprendidos por nuestro hijo y son coherentes con su edad.
  2. El NO rotundo: hay veces en las que el NO tiene que ser muy rotundo porque la seguridad física de nuestro hijo puede correr peligro. Este No, no necesariamente debe ir acompañado de una explicación. Es más importante frenar la conducta que comprender en ese momento lo que ha sucedido y porqué debe de cesar. Posiblemente, si nuestro hijo tiene la madurez necesaria podemos explicárselo después.
  3. Dar alternativas: cuando no hay un NO rotundo, podemos dar alternativas a aquello que no está correcto. Imaginemos que el niño está picando sobre una mesa de cristal que se puede estropear, si quiere picar o golpear podemos ofrecerle otras alternativas.
  4. Coordinación entre los progenitores: es crucial que los padres estén de acuerdo con los límites que se establecen y no se contrapongan. La comunicación para esto es imprescindible. Si uno dice una cosa y otro la otra, el niño no sabrá descifrar cuál es el límite adecuado y habrá un desequilibrio si se da manera constante.
  5. Diferenciar entre juego y norma: hay que mostrarle al niño en qué momentos estamos jugando y en cuáles estamos poniéndonos serios para que el adulto maneje las situaciones y sea respetado.
  6. Nos podemos equivocar: no tenemos súper poderes y por tanto en ocasiones también tenemos nos tenemos que permitir errar.
  7. No funcionan los mismos límites con todos los niños: debemos considerar que cada hijo es diferente y por tanto los límites han de ser también personalizados. Esto no significa que a un hijo se le permita algo y al otro no, sino que la explicación o la forma de establecerlo puede cambiar o puede no funcionar por igual con todos.
  8. La libertad y los límites están ligados: poner límites no significa que seamos tiranos y el adulto decida absolutamente todo, sino que cuando el niño necesita orientación se la podamos dar y aprenda a respetar unas normas necesarias para la convivencia y la supervivencia. Los límites forman parte de la educación, de la negociación y del pacto con nuestros hijos.
  9. El número de límites no debe ser excesivo: es preferible pocos límites claros que muchos y que desconcierten.
  10. Gritar no es un límite: los límites deben ser firmes pero con cierta flexibilidad a la hora de poderse modificar en función de la edad que tiene el niño. Lo que está claro es que con gritos no los podemos establecer. Los gritos solo traen conflictos difíciles de solucionar y no conflictos de los que podamos aprender.

En algunas ocasiones, la falta de comunicación o la comunicación inadecuada dentro de la familia hacen complicado el establecimiento de límites y hay que recurrir a profesionales que ayuden a las familias a gestionar las situaciones. Para prevenirlo tomad en cuentas estas indicaciones y en caso de cualquier duda, contactad con profesionales.

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PAULA SÁENZ PALACIOS
Licenciada en Psicopedagogía y Diplomada en Educación Social por la Universidad de Deusto. WEB

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