Mi hijo me desafía

Kid having a tantrumHoy en día de las frases que más escuchamos de padres son; “no me hace caso”, “siempre se tiene que salir con la suya”, “no para quieto nunca”…, una de las problemáticas de los padres es saber cómo manejar la conducta de sus hijos. Por ello es imprescindible que los padres tengan las herramientas y recursos necesarios para afrontar esos comportamientos inadecuados e intentar cambiarlos de una manera eficaz. Gracias a unas sencillas pautas podemos mejorar la conducta de nuestros hijos.

El comportamiento de los niños en su gran mayoría es aprendido y esto significa que se pueden modificar y hacer que aprendan otros comportamientos más adecuados.

¿Dónde aprender nuestros hijos sus comportamientos?

  • En el ambiente familiar
  • En el ambiente escolar
  • En el ambiente social

Por ello debemos cuidar estos tres ambientes y recordad que nosotros somos sus modelos de conducta.

¿Qué es un modelo de conducta?
Desde muy pequeños los niños imitan a sus padres, copian su forma de hablar, los gestos y también copian la manera que tienen de relacionarse con otras personas y la forma de utilizar todo lo que les rodea. Está es una fase de aprendizaje conocida como modelado, ocurre continuamente y tiene un papel primordial en el comportamiento de los niños. Por lo tanto los padres especialmente son el ejemplo continuo de la conducta de sus hijos, y estos, deben reflejar con su comportamiento el ejemplo que desean que su hijo realice.

¿Qué debemos hacer si queremos mejorar los “desafíos”?

  • Lo primero que debemos hacer es observar que ha sucedido antes de la conducta no deseada, así encontraremos el antecedente y en ocasiones se puede actuar sobre él.
  • Quitar los reforzadores que mantienen la conducta (ignorar una rabieta, no ceder al desafío de comprar un juguete…). Debemos de tener en cuenta que al principio la conducta aumentará, pero si se es firme y constante no tardaremos en ver como esta conducta disminuye.
  • Sacar al niño del ambiente donde se ha desarrollado la conducta inadecuada con la finalidad de que no se refuerce la conducta y se le deja un tiempo para la reflexión (un minuto por cada año del niño, 5 años= 5 minutos) acabado el tiempo, el niño volverá al lugar donde se dio la conducta y se le enseñará una conducta más adecuada.
  • Determinar qué consecuencias implicará saltarse una norma o no cumplir con una petición, así como ser muy constante y consistente en su aplicación. Si aplicamos las consecuencias de forma intermitente, es decir, unas veces sí y otras no, el niño aprende que hay ocasiones en las que obtiene algo bueno a cambio, por lo que retará siempre.
  • Mantenerse tranquilo y no entrar en los desafíos. Es esencial ser un buen ejemplo para los niños, no hay que entrar en el juego o en el desafío, sino que es mejor mantenerse firme y aplicar, de forma tranquila y sin desesperarse, la consecuencia establecida en caso de incumplimiento.
  • Siempre tenemos que estar atentos de las conductas adecuadas que hacen los niños y reforzarlas positivamente; “lo haces muy bien”
  • Los padres deben mantener la calma aunque a veces esto sea muy complicado. Ser firme no conlleva gritar o ser agresivo, sino mantener la norma o decisión establecida.
  • No comente las conductas negativas de su hijo delante de él
  • Explicar a su hijo (una vez fuera del conflicto), que lo que les molesta no es él, sino su conducta en ese momento.
  • Explicar lo que esperamos del menor. En general, la tendencia es la contraria, decirle que pasará si no cumple con lo requerido “si no recoger te quedarás sin tableta”, cuando las órdenes funcionan mejor a la inversa. Es más efectivo hacer una petición directa de lo que queremos, seguido de una consecuencia positiva “si recoges, dará tiempo de jugar a la tableta”.
  • Es importante que cuando el niño tenga una rabieta por algo que él quiere y nosotros hemos pautado que no, no ceder, es decir, mantenerse firme en la decisión, ya que si cedemos el próximo día volverá a realizar otra rabieta y puede llegar a la conducta de desafío.
  • Establecer normas y límites lógicos y coherentes. Así se facilita la capacidad de sostenerlos de forma firme y sin sentimientos de culpabilidad por parte de los padres.
  • Otro aspecto importante es identificar los roles que tenéis en la familia e intentar gestionarlos de forma en que todos participen en la educación del menor de la forma adecuada. Apóyate en los que están a tu alrededor.

Por otro lado, en adolescentes;
La adolescencia es considerada una edad conflictiva tanto para los adolescentes como para la familia y entorno que le rodea. Estos conflictos se resuelven cuando aparece el concepto de; yo gano, tu ganas y por lo tanto todos ganamos, es decir buscar una posible solución que pueda beneficiar a las dos partes.

Los conflictos los podemos resolver de tres formas;

  • Evitar; ignoramos el problema (y el adolescente se saldrá con la suya)
  • Confrontación; “no me faltes el respeto te daré un bofetón”
  • Y la negociación; búsqueda de una solución consensuada
    *Recordar que el conflicto es fuente de oportunidades.

¿Cuándo nos tenemos que preocupar?
Cuando los desafíos que hagan los menores se den con más frecuencia e intensidad de lo esperable para los niños de su edad, la duración del problema se mantenga continuadamente y, en especial, cuando induzca un deterioro significativo en la vida del menos, en su entorno familiar, escolar y social, se recomienda acudir a un profesional.

Laura Aut Psicologa-soy-mama-natura

LAURA AUT

Licenciada en psicología por la URV
Máster en Psicología Infantil y Juvenil en AEPCCC
www.psicologialaut.com

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